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La vida de Lazarillo de Tormes, y sus fortunas y adversidades

by Diego Hurtado de Mendoza

Excerpt:

zarillo de Tormes, y las obras de Cristoval de Castillejo, secretario que fué del emperador D. Fernando, segun consta de una real cédula de privilegio de impresion, datada en San Lorenzo á 5 de agosto de 1573, que se halla inserta en la edicion de la Propaladia de Madrid de 1573, en 8, en casa de Pierres Cosin.

(1) De esta segunda parte de Luna, unida á la primera, se habia ya hecho una impresion en castellano en Paris en 1620, en 12°, por Bouttone, debiendo creerse que esta fué la primera edicion de dicha segunda parte: tambien en el mismo año de 1620 se hizo en Paris, igualmente por Bouttone, otra impresion en francés de las dos partes juntas; siendo traductor de la primera P. B. P., y de la segunda L. S. D.

LA VIDA DE LAZARILLO DE TORMES, Y SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES.

CAPITULO PRIMERO.

Cuenta Lázaro su vida y cuyo hijo fué.

Pues sepa vuestra merced ante todas cosas, que á mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé Gonzalez y de Antona Perez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fué dentro del rio Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre, y fué de esta manera : Mi padre (que Dios perdone) tenia cargo de proveer una molienda de una aceña que está ribera de aquel rio, en la cual fué molinero mas de quince años: y estando mi madre una noche en la aceña preñada de mí, tomóla el parto y parióme allí; de manera que con verdad me puedo decir nacido en el rio. Pues siendo yo niño de ocho años, achacaron á mi padre ciertas sangrías mal hechas en los costales de los que allí á moler venian, por lo cual fué preso, y confesó y no negó, y padeció persecucion por justicia. Espero en Dios que esté en la gloria, pues el evangelio los llama bienaventurados. En este tiempo se hizo cierta armada contra moros, entre los cuales fué mi padre, que á la sazon estaba desterrado por el desastre ya dicho, con cargo de acemilero de un caballero que allá fué, y con su señor, como leal criado, feneció su vida. Mi viuda madre, como sin marido y sin abrigo se viese, determinó arrimarse á los buenos por ser uno de ellos, y vínose á vivir á la ciudad, y alquiló una casilla, y metíase á guisar de comer á ciertos estudiantes, y lavaba la ropa á ciertos mozos de caballos del comendador de la Magdalena; de manera que frecuentando las caballerizas, ella y un hombre moreno de aquellos que las bestias cuidaban, vinieron en conocimiento. Este algunas veces se venia á nuestra casa, y se iba á la mañana. Otras veces de dia llegaba á la puerta en achaque de comprar huevos, y entrábase en la casa. Yo al principio de su entrada, pesábame con él, y habíale miedo, viendo el color y mal gesto que tenia; mas de que ví que con su venida mejoraba el comer, fuíle queriendo bien; porque siempre traia pan, pedazos de carne, y en el invierno leños á que nos cálentábamos; de manera que continuando la posada y conversacion, mi madre vino á darme un negrito muy bonito, el cual yo brincaba y ayudaba á calentar. Y acuérdome que estando el negro de mi padrastro trebejando con el mozuelo, como el niño veia á mi madre y á mí blancos, y á él no, huia de él con miedo para mi madre, y señalando con el dedo decia: Madre, coco. Respondió él riendo: Hideputa! Yo, aunque bien muchacho, noté aquella palabra de mi hermanico, y dije entre mí: ¡Cuántos debe de haber en el mundo que huyen de otros, porque no se ven á sí mismos! Quiso nuestra fortuna que la conversacion del Zayde (que así se llamaba) llegó á oidos del mayordomo; y hecha pesquisa, hallóse que la mitad por medio de la cebada que para las bestias le daban, hurtaba; y salvados, leña, almohazas, mandiles, y las mantas y sábanas de los caballos hacia pérdidas : y cuando otra cosa no tenia, las bestias desherraba; y con todo esto acudia á mi madre para criar á mi hermanico. No nos maravillemos de un clérigo ni de un fraile, porque el uno hurta de los pobres y el otro de su casa para sus devotas y para ayuda de otro tanto, cuando á un pobre esclavo el amor le animaba á esto. Y probósele cuanto digo y aun mas; porque á mí con amenazas me preguntaban, y como niño respondia y descubria cuanto sabia con miedo, hasta ciertas herraduras que por mandado de mi madre á un herrero vendí. Al triste de mi padrastro azotaron y pringaron, y á mi madre pusieron pena por justicia sobre el acostumbrado centenario, que en casa del sobredicho comendador no entrase, ni al lastimado Zayde en la suya acogiese. Por no echar la soga tras el caldero, la triste se esforzó y cumplió la sentencia, y por evitar peligro y quitarse de malas lenguas, se fué á servir á los que al presente vivian en el meson de la Solana, y allí padeciendo mil importunidades acabó de criar á mi hermanico hasta que supo andar, y á mí hasta ser buen mozuelo, que iba á los huéspedes por vino y candelas y por lo demas que me mandaban.

En este tiempo vino á posar al meson un ciego, al cual pareciéndole que yo seria á propósito para adestralle, me pidió á mi madre, y ella me encomendó á él, diciéndole como era hijo de un buen hombre, el cual, por ensalzar la fe, habia muerto en la batalla de los Gelves; y que ella confiaba en Dios no saldria peor hombre que mi padre, y que le rogaba me tratase bien y mirase por mí, pues era huérfano. Él respondió que así lo haria y que me recibia, no por mozo, sino por hijo; y así le comencé á servir y adestrar á mi nuevo y viejo amo. Como estuvimos en Salamanca algunos dias, pareciéndole á mi amo que no era la ganancia á su contento, determinó irse de allí. Y cuando nos hubimos de partir, yo fuí á ver á mi madre; y ambos llorando, me dió su bendicion, y dijo: Hijo, ya sé que no te veré mas; procura de ser bueno, y Dios te guie. Criado te he, y con buen amo te he puesto; válete por tí. Y así me fuí para mi amo, que esperándome estaba.


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