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The Bhagavad Gita

Anonymous


Shakti and Shakta

John Woodroffe


The Adventures of Sherlock Holmes

A. Conan Doyle


Theory of Colours

Johann Wolfgang von Goethe


Novelas ejemplares

by Miguel de Cervantes Saavedra

Excerpt:

uisiERAr yo, si fuera posible (leclor amantlsimo) excusarme de escribir este prólogo, porque no me fue tan bien con el que puse en mí D. Quijote, que quedase con gana de segundar con este. De esto tiene la culpa algun amigo de los muchos que en el discurso de mi vida he grangeado antes con mi condicion que con mi ingenio: el cual amigo bien pudiera, como es uso y costumbre, grabarme y esculpirme en la primera hoja de este libro, pues le diera mi retrato el famoso D. Juan de Jáuregui, y con esto quedára mi ambicion satisfecha , y el deseo de algunos que querrían saber qué rostro y talle tiene quien se atreve á salir con tantas invenciones en la plaza del mundo á los ojos do las gentes, poniendo debajo del retrato: este que yejs aqui de rostro aguileno, de cabello castaño , frente lisa y desembarazada, de alegres ojos, y de nariz corva aunque bien riropjrcionaHir,''las barbas »[e pjata(rue no ha veinteaños que fueron de oro, jos bigotes grandes, la boca pequcñajjos .dientes, ng crecidos norquejno,tjtene_s¡no_,seis, yesos mal acondicionados y..peor..puestos porque no .tienen correspondencia los unos con los otros, el cuerpo entre dos cstremos, ni grande ni pequeño, la color viva antes blanca que morena, algo cargado de espaldasi-y_üjunüy_ligerq de pies: este digo que es el rostro del autor de laGalatea, y de D. Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso á imitacion del de Cesar Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahi descarriadas, y quizá sin el nombre de su dueño: llámase comunmente Miguel de Cervantes Saavedra: fué soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió á tener paciencia en las adversidades: perdió en la batalla naval de Lepunto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que aunque parece fea, él la tiene por hermosa por haberla cobrado en la mas memorable y alta ocasion que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlos V de felice memoria; y cuando á la de este amigo, de quien me quejo, no ocurrieran otras cosas de las dichas que decir de mi, yo me levantara á mi mismo dos docenas de testimonios, y se los dijera en secreto, con que extendiera mi nombre y acreditara mi ingenio; porque l>cnsar que dicen puntualmente la verdad los tales elógios, es disparate, por no tener punto preciso ni determinado las alabanzas ni los vituperios. En fin, pues ya esta ocasion se pasó, y yo he quedado en blanco y sin figura, será forzoso valerme por mi pico, que aunque tartamudo, no lo será para decir verdades, que dichas por señassuelen ser entendidas. Y asi te digo otra vez, lector amable, que de estas novelas que te ofrezco, en ningun modo podrás hacer pepitoria, porque no tienen pies, ni cabeza, ni entrañas, ni cosa que les parezca: quiero decir, que los requiebros amorosos que en algunas hallarás, son tan honestos y tan medidos con la razon y discurso cristiano, que no podrán mover á mal pensamiento al descuidado ó cuidadoso que las leyere. Heles dado el nombre de ejemplares, y si bien lo miras no hay ninguna de quien no se pueda sacar algun ejemplo provechoso; y sino fuera por no alargar este prólogo, quizá te mostrara el sabroso y honesto fruto que se podria sacar asi de todas juntas, como de cada una de por si. Mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos, donde cada uno pueda llegar á entretenerse sin daño de barras^j digo sin daño del alma ni del cuerpo, porque los ejercicios honestos y agradables; antes aprovechan que dañan. Si, que no siempre se está en los templos, no siempre se ocupan los oratorios, no siempre se asiste á los negocios por calificados que sean: horas hay de recreacion, donde el aQigido espiritu descanse: para este efecto se plantan las alamedas, se. buscan las fuentes, se allanan las cuestas, y se cultivan con curiosidad los jardines. Una cosa me atreveré á decirte, que si por algun modo alcanzara que la leccion de estas novelas pudiera inducir á quien las leyera á algun mal deseo ó pensamiento, antes me cortara la mano con que las escribi que sacarlas en público: mi edad no está ya para burlarse con la otra vida, que al cincuenta y cinco de los años gano por nueve mas y por la mano. A esto se aplicó mi ingenio , por aqui me lleva mi inclinacion, y mas que me doy á entender (y es así) que yo soy el primero que he novelado en lengua castellana; que las muchas novelas que en ella andan impresas, todas son traducidas de lenguas extrangeras, y estas son mias propias, no imitadas, ni hurtadas: mi ingenio las engendró, y las parió mi pluma, y van creciendo en los brazos de la estampa. Tras ellas, si la vida no me deja, te ofrezco los trabajos de Pérsiles, libro que se atreve á competir con Heliodoro, si ya por atrevido no sale con las manos en la cabeza; y primero verás, y con brevedad, dilatadas las hazañas de Don Quijote, y donaires de Sancho Panza: y luego las Semanas del Jardín. Mucho prometo con fuerzas tan pocas como las mias; ¿ pero quién pondrá rienda á los deseos? Solo esto quiero que consideres^ que pues yo he tenido osadía de dirigir estas novelas al gran Conde de Lemos, algun misterio tienen escondido, que las levanta. No mas, sino que Dios te guarde, y á mi me dé paciencia para llevar bien el mal que han de decir de mí mas de cuatro sotiles y almidonados. Vale.

RINCONETE Y CORTADILLO.

Kr la venta del Molinillo, que está puesta en los fines de los famosos campos de Alcudia, como vamos de Castilla a la Andalucía . un clia de los calorosos del verano se hallaron en ella acaso dos muchachos de hasta edad de catorce á quince años el uno, y el otro no pasaba de diez y siete: ambos de buena gracia, pero muy descosidos, rotos y maltratados; capa no la tenian, los calzones eran de lienzo, y las medias de carne; bien es verdad que lo enmendaban los zapatos, porque los del uno eran alpargates tan traidos como llevados, y los del otro picados y sin suelas, de manera que mas le servían de cormas, que de zapatos: traia el uno montera verde de cazador, el otro un sombrero sin toquilla, bajo de copa y ancho de falda: á la espalda , y ceñida por los pechos traia uno una camisa de color de camuza, encerrada y recogida toda en una manga: el otro venia escueto y sin alforjas, puesto que en el seno se le parocia un gran bulto, que á lo que despues pareció, era un cuello de los que llaman valonas almidonadas, almidonado con grasa, y tan deshilado de roto, que todo parecía hilachas: venían en él envueltos y guardados unos naipes de figura ovada, porque de ejercitarlos, se les habian gastado las puntas, y porque durasen mas, se las cercenaron y los dejaron de aquel talle: estaban los dos quemados del sol, las uñas caireladas, y las manos no muy limpias: el uno tenia una media espada, y el otro un cuchillo de cachas amarillas, que lo suelen llamar vaqueros; saliéronse los dos á sestear en un portal ó cobertizo que delante de la venta se hace, y sentándose frontero el uno del otro, el que parecía de mas edad dijo al mas pequeño: ¿De qué tierra es vuesa merced, señor gentilhombre, y para dónde bueno camina? Mi tierra señor caballero, respondió el preguntado, no la sé, ni para dónde camino tampoco. Pues en verdad, dijo el mayor, que no parece vuesa merced del cielo, y que este no es lugar para hacer su asiento en él, que por fuerza se ha de pasar adelante, Así es, respondió el mediano; pero yo he dicho verdad en lo que he dicho, porque mi tierra no es mia, pues no tengo en ella mas de un padre que no me tiene por hijo, y una madrastra que me trata como alnado: el camino que llevo es á la ventura, y allí le daria fin donde hallase quien me diese lo necesario para pasar esta miserable vida. Y ¿sabe vuesa merced algun oficio? preguntó el grande; y el menor respondió: No sé otro sino que corro como una liebre, y salto como un gamo, y corto de tijera muy delicadamente. Todo eso es muy bueno, útil y provechoso, dijo el grande, porque habrá sacristan que le dé á vuesa merced la ofrenda de Todos Santos, porque para el Juéves Santo le corte florones de papel para el monumento. No es mi corte desa manera, respondió el menor , sino que mi padre por la misericordia del cielo es sastre y calcetero, y me enseñó á cortar antiparas, que como vuesa merced bien sabe, son medias calzas con avampiés, que por su propio nombre se suelen llamar polainas; y córtolas tan bien, que en verdad que me podria examinar de maestro, si no que la corta suerte me tiene arrinconado. Todo eso y mas acontece por los buenos, respondió el grande, y siempre he oido decir que las buenas habilidades son las mas perdidas, pero aun edad tiene vuesa merced para enmendar su ventura: mas si yo no me engaño y el ojo no me miente, otras gracias tieno vuesa merced secretas, y no las quiere manifestar. Sí tengo, respondió el pequeño; pero no son para en público, como vuesa merced ha muy bien apuntado. A lo cual replicó el grande: Pues yo le sé decir que soy uno de los mas secretos mozos que en grande parte se pueden hallar; y para obligar á vuesa merced que descubra su pecho y descanse conmigo, le quiero obligar con descubrile el mio primero, porque imagino que no sin misterio nos ha juntado aquí la suerte, y pienso que habemos de ser, desde hasta el último dia de nuestra vida, verdaderos amigos. Yo, señor hidalgo, soy natural de la Fuenfrida, lugar conocido y famoso por los ilustres pasageros que por él de contino pasan: mi nombre es Pedro del Rincon, mi padre es persona de calidad, porque es ministro de la Santa Cruzada, quiero decir, que es hulero ó buldero, como los llama el vulgo: algunos dias le acompañé en el oficio, y le aprendí de manera. que no daría ventaja en echar las bulas al que mas presumiese en ello; pero habiéndome un dia aficionado mas al dinero de las bulas, que á las mismas bulas, me abracé con un talego^ f~' t> y di conmigo y con él en Madrid, donde con las comodidades que allí de ordinario se ofrecen, en pocos dias saqué las entrañas al talego, y le dejé con mas dobleces que pañizuelo de desposado: vino el que tenia á cargo el dinero tras mí, prendiéronme, tuve poco favor, aunque viendo aquellos señores mi poca edad se contentaron con que me arrimasen al aldabilla, y me mosqueasen las espaldas por un rato, y con que saliese desterrado por cuatro años de la corte: tuve paciencia, encogí los hombros, sufrí la tanda y mosqueo, y salí á cumplir mi destierro con tanta priesa, que no tuve lugar de buscar cabalgaduras: tomé de mis alhajas las que pude y las que me parecieron mas necesarias, y entre ellas saqué estos naipes (y A este tiempo descubrió los que se han dicho, que en el cuello traia), con los cuales he ganado mi vida por los mesones y ventas que hay desde Madrid aquí, jugando á la veintiuna; y aunque vuesa merced los ve tan astrosos y maltratados, usau


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